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5 maneras de cocinar con chapulines: del comal a la mesa

Cinco formas prácticas de cocinar chapulines —en salsa, antojitos, condimentos, platos cotidianos y grasas aromáticas— acompañadas por su historia, técnicas de comal y claves de seguridad.

Agosto 2026 · 9 min de lectura
5 maneras de cocinar con chapulines: del comal a la mesa

Antes de que alguien los embolsara con chile y limón para venderlos como botana, los chapulines ya saltaban —literalmente— entre la milpa y el comal. En distintas regiones de México, pero con especial arraigo en Oaxaca, estos insectos se recolectan durante la temporada de lluvias, se limpian y se tuestan hasta quedar fragantes, ácidos, salados y crujientes. Cocinar con ellos no exige montar un restaurante de humo ceremonial: basta entender su sabor y tratarlos como un ingrediente, no como una prueba de valentía. Aquí van cinco maneras de llevarlos a la mesa, con algo de historia, técnica y apetito.

Del campo al comal

La palabra chapulín procede del náhuatl chapōlin y designa a distintos saltamontes comestibles, no a una sola especie. Su consumo forma parte de una historia mesoamericana mucho más amplia: las fuentes del siglo XVI registraron diversos insectos en la alimentación indígena, entre ellos langostas o saltamontes. Sin embargo, conviene evitar una postal inmóvil del pasado: las recetas actuales también son resultado de mercados regionales, cocinas familiares, nuevos condimentos y cambios en la conservación. Lo antiguo no llega intacto; llega sazonado por muchas generaciones.

En Oaxaca, los chapulines suelen asociarse con los Valles Centrales y con mercados como los de la ciudad de Oaxaca, Tlacolula u Ocotlán. Se recolectan principalmente cuando las lluvias favorecen su abundancia, a menudo temprano, mientras la baja temperatura vuelve más lentos a los insectos. Después se purgan o limpian según la práctica local, se lavan y se cuecen o tuestan en comal con sal, ajo, limón o jugo de limón; algunas preparaciones incorporan chile. No existe una sazón única y oficial —por fortuna, la cocina todavía no requiere notario—, sino familias de métodos y gustos.

Chapulines tostándose en un comal de barro sobre un fogón, removidos con una cuchara de madera.
Chapulines tostándose en un comal de barro sobre un fogón, removidos con una cuchara de madera.

Antes de cocinar, hay una regla sencilla: compre chapulines destinados al consumo humano, ya limpios y preparados por un proveedor confiable. No conviene recolectarlos junto a cultivos que pudieron recibir plaguicidas ni comerlos crudos. Las personas alérgicas a crustáceos o ácaros deben actuar con particular cautela, pues puede existir reactividad cruzada con proteínas de insectos. El entusiasmo culinario es saludable; la improvisación sanitaria, bastante menos.

  1. 1Elija chapulines con aroma tostado y limpio, sin humedad ni olor rancio.
  2. 2Si están suaves, páselos brevemente por un comal seco a fuego medio para devolverles el crujido.
  3. 3Pruebe uno antes de salar: muchos ya vienen sazonados con sal, chile y limón.
  4. 4Guárdelos en un recipiente hermético, lejos del calor y la humedad.
  5. 5Retire patas o alas sólo si la textura le incomoda; en ejemplares pequeños suelen comerse completas.

1. Salsa de chapulín en molcajete

La primera manera es también una de las más versátiles: moler los chapulines en una salsa. El tostado aporta notas parecidas a las de semillas, corteza dorada y chile seco, mientras la molienda reparte su sabor sin dejar que la textura domine cada bocado. Puede hacerse con jitomate asado para una salsa jugosa o con tomatillo para un perfil más ácido; el chile se elige según el ánimo y la tolerancia de la mesa. No se trata de esconder el ingrediente, sino de darle conversación.

  1. 1Ase en comal 4 jitomates, 1 diente de ajo y un trozo de cebolla hasta que tengan manchas oscuras.
  2. 2Tueste rápidamente 1 o 2 chiles de árbol; no los queme, porque el amargor no distingue tradiciones.
  3. 3Machaque ajo, chile y 1/3 de taza de chapulines tostados en el molcajete.
  4. 4Agregue jitomate y cebolla; muela hasta obtener una textura martajada.
  5. 5Ajuste con sal sólo al final y, si hace falta, unas gotas de limón.

Sirva esta salsa con frijoles de la olla, quesillo, calabacitas asadas, carne o simplemente tortillas calientes. Si los chapulines ya llevan chile, reduzca la cantidad de chile de árbol; si vienen muy ácidos, deje que el jitomate maduro redondee el conjunto. Para una versión más espesa, aumente los insectos y úsela casi como pasta sobre una tostada. El molcajete añade textura, pero una licuadora con pulsos cortos resuelve el asunto sin provocar la ira de ninguna deidad doméstica conocida.

Molcajete con salsa roja martajada, chapulines visibles, jitomates asados y un chile de árbol.
Molcajete con salsa roja martajada, chapulines visibles, jitomates asados y un chile de árbol.
“Lo que cambia no es sólo el ingrediente, sino la escala: un chapulín entero cruje; molido, sazona.”

2. Tacos, quesadillas y memelas

La segunda manera consiste en usarlos como relleno o remate de antojitos de maíz. En un taco sencillo, una cucharada de chapulines tostados, aguacate, cebolla y salsa basta para construir contraste: tortilla suave, insecto crujiente, grasa cremosa y acidez. La clave es calentar los chapulines aparte y añadirlos al final, pues el vapor de un guiso puede ablandarlos. Una pasada de treinta segundos por el comal suele despertar su aroma sin resecarlos.

En quesadillas conviene combinarlos con quesillo o queso Oaxaca y una hierba fresca, como epazote. Primero se funde el queso dentro de la tortilla; los chapulines entran en los últimos instantes para conservar parte de su textura. También funcionan sobre una memela: base de masa ovalada, asiento ligero, frijoles, queso y salsa, coronada con una pequeña porción de chapulines. La palabra pequeña importa, porque amontonar ingredientes no siempre es generosidad; a veces sólo es tráfico.

  1. 1Taco: tortilla de maíz, aguacate machacado, chapulines calientes, cebolla y salsa de tomatillo.
  2. 2Quesadilla: quesillo, epazote y chapulines añadidos justo antes de doblar.
  3. 3Memela: asiento, frijol molido, queso fresco, salsa y chapulines al final.
  4. 4Tostada: frijoles, ensalada de col o quelites, crema moderada y chapulines crujientes.

Esta forma de servirlos ayuda a comprender por qué el maíz es mucho más que un soporte neutro. La tortilla caliente aporta dulzor, aroma de nixtamal y flexibilidad; el chapulín responde con sal, tostado y un golpe ácido si fue preparado con limón. Juntos crean una relación de texturas antes que un acto de exotismo. Comer insectos no necesita disfrazarse de hazaña cuando puede ser, sencillamente, una buena cena.

3. Sal, polvo y costra crujiente

La tercera manera es convertirlos en condimento. Molidos con chile seco y una pizca de sal —si todavía la necesitan—, producen un polvo sabroso para frutas, elotes, sopas, huevos, verduras asadas o el borde de una bebida. Esta técnica amplía su uso y permite dosificar el sabor, además de aprovechar los fragmentos que quedan al fondo de la bolsa. En cocina, las migajas bien usadas también tienen currículum.

  1. 1Tueste 1/2 taza de chapulines durante 1 minuto en comal tibio y deje enfriar.
  2. 2Muela con 1 chile pasilla o 2 chiles de árbol tostados, según el picor deseado.
  3. 3Añada 1 cucharadita de semilla de calabaza tostada si busca una textura más redonda.
  4. 4Pruebe antes de incorporar sal; termine con ralladura seca de limón, no con jugo, para evitar humedad.
  5. 5Conserve el polvo en frasco hermético y úselo en porciones pequeñas.
Frasco pequeño con polvo de chapulín y chile junto a una mazorca asada espolvoreada.
Frasco pequeño con polvo de chapulín y chile junto a una mazorca asada espolvoreada.

El mismo polvo puede mezclarse con pan molido, amaranto reventado o pepita triturada para formar una costra. Se presiona sobre calabaza, coliflor, queso firme o una pieza de pescado ligeramente untada con aceite, y se hornea hasta dorar. Hay que vigilar la temperatura: los chapulines ya fueron cocidos y una exposición larga puede volverlos amargos. Piense en ellos como una especia tostada, no como algo que deba sufrir una segunda conquista.

4. Con huevo, frijoles y verduras; 5. En mantequilla o aceite

La cuarta manera los lleva a platos cotidianos y calientes. En huevos revueltos, añádalos cuando el huevo esté casi cuajado para que no pierdan todo el crujido; una salsa verde y tortillas completan el desayuno. Sobre frijoles negros o bayos, funcionan mejor como guarnición final junto con queso fresco, cebolla y hojas de cilantro. También pueden terminar una cazuela de hongos, calabacitas, flor de calabaza o quelites, ingredientes cuyo sabor vegetal agradece un acento tostado.

En estos platos importa equilibrar la sal. Los frijoles refritos, el queso y los chapulines preparados pueden aportar sodio al mismo tiempo, así que conviene sazonar cada base con prudencia. La grasa también debe usarse con mesura: una cucharadita ayuda a transportar aromas, pero demasiada borra el crujido y vuelve pesado el conjunto. Una cocina sabrosa no siempre es la que grita más fuerte.

La quinta manera es preparar una mantequilla compuesta o un aceite de chapulín para terminar otros alimentos. Para la primera, se pican finamente chapulines tostados y se mezclan con mantequilla suave, ajo asado, ralladura de limón y chile; después se enfría en forma de cilindro y se corta en monedas. Una rebanada sobre elote, papa, hongos o una tortilla recién salida del comal se derrite y reparte el sabor. Como los insectos ya suelen estar salados, la mantequilla debe ser sin sal.

El aceite se hace machacando chapulines con chile seco y cubriéndolos con un aceite de sabor discreto; para consumo inmediato, puede servirse sobre verduras o tostadas. Si se desea guardar una preparación casera con ingredientes húmedos como ajo fresco, hay riesgos microbiológicos y no debe mantenerse a temperatura ambiente. Lo sensato es hacer poca cantidad, refrigerarla y consumirla pronto, o recurrir a ajo completamente seco. La historia de la cocina está llena de ingenio, pero el botulismo jamás ha mejorado una receta.

  1. 1Mantequilla: 100 g de mantequilla sin sal, 1/3 de taza de chapulines picados, ajo asado, ralladura de limón y chile seco.
  2. 2Uso rápido: coloque una moneda sobre elote, papa cocida, hongos salteados o calabaza asada.
  3. 3Aceite: machaque chapulines y chile seco; agregue sólo el aceite necesario para una salsa fluida.
  4. 4Seguridad: refrigere mezclas caseras, use utensilios limpios y descarte cualquier preparación con olor, burbujas o apariencia extraña.
Moneda de mantequilla con chapulines derritiéndose sobre un elote asado.
Moneda de mantequilla con chapulines derritiéndose sobre un elote asado.

Estas cinco rutas —salsa, antojito, condimento, plato cotidiano y grasa aromática— muestran que el chapulín admite más verbos que “probar”. Puede molerse, calentarse, espolvorearse, mezclarse y fundirse con otros ingredientes, siempre cuidando su sazón y su textura. También invitan a reconocer a recolectores, cocineras, comerciantes y productores que mantienen viva la cadena alimentaria detrás del bocado. Un ingrediente tradicional no se honra poniéndolo bajo una campana de vidrio, sino comprendiéndolo y cocinándolo bien.

El chapulín cuenta una historia de lluvias, milpa, mercados y comales, pero esa historia no terminó en el pasado prehispánico ni cabe completa en una bolsa de botana. Cada receta continúa el relato cuando respeta el origen del producto, evita la caricatura y encuentra un lugar verdadero en la mesa. Quizá ésa sea la mejor manera de acercarse a un alimento con siglos de memoria: sin miedo, sin espectáculo y con una tortilla caliente a la mano.

Para seguir leyendo
  • Sahagún, Bernardino de. Historia general de las cosas de Nueva España (Códice Florentino), Libro XI.
  • Ramos-Elorduy, Julieta. Creepy Crawly Cuisine: The Gourmet Guide to Edible Insects. Park Street Press, 1998.
  • Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), materiales de divulgación sobre gastronomía indígena y alimentos tradicionales de México.
  • Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAO). Edible Insects: Future Prospects for Food and Feed Security. Forestry Paper 171, 2013.
  • Wageningen University & Research. Insects as Food and Feed: información sobre valor nutricional y seguridad de insectos comestibles.
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